En muy pocas oportunidades encontramos obras cuyas fuentes
intelectuales hacen referencia a las raíces de la tradición prehispánica en un lenguaje
pictórico moderno. Los enormes murales de Diego Rivera, en la ciudad de México,
naturalmente son ejemplos imponentes de la pintura histórica moderna, pero la
representación artística de los muralistas, entre ios que Rivera es el más importante,
ilustran el pasado como periodistas, como personas ajenas a los hechos, aún al reflejar
los rasgos de un pueblo oprimido, distorsionado por el dolor.
Siempre he buscado el arte que nos conduce a la introspección de
los afectados, a la participación activa en las vivencias de los habitantes autóctonos,
sin ser arte popular primitivo.
Es por ello, que el mensaje mitológico de América del Sur muchas
veces es contradictorio, para cada uno de los pueblos y para cada una de las épocas. Casi
todos los testimonios de las civilizaciones fueron destruidos por la Conquista.
Básicamente sólo nos han quedado restos arqueológicos. Pero, por medio de los mismos,
ha sido posible la recordación y manifestación por parte de artistas y poetas, que
también transfiere conocimientos al espectador, que en realidad, para nosotros, es un
compromiso para compensar lo que los europeos se han llevado de un continente como mensaje
cultural.
El arte de Andrés Bestard representa claramente las
características propias de los habitantes de América Latina: melancolía y aceptación
del destino. El componente trágico, según la opinión de muchos autores, es consecuencia
de la lucha interna que tiene lugar en el interior de muchos latinoamericanos, entre los
conquistadores y las víctimas, cuya sangre corre por sus venas. Octavio Paz, conocido
entre nosotros por haber obtenido el Premio Nobel, escribe en su obra sobre Juana de la
Cruz:
Ante los dos mensajes tradicionales de moral, el español basado
en el honor, y el indígena que se basa en carácter sagrado de la familia, el mestizo se
convirtió en la representación viva de la ilegitimidad.
De este concepto surgió la constante inseguridad, la
inestabilidad, la oscilación entre los extremos de la audacia al pánico, del entusiasmo
a la apatía, de la lealtad a la traición: Cain y Abel en un mismo ser.
Esta dualidad llevó al nihilismo moral, a la melancolía y al
valor. Hace algunos días, al leer un pequeño libro de Gabriela Mistral, la importante
poetisa chilena - Premio Nobel 1945 - he visto que nos da una visión más clara. Escribe:
Nuevamente aquí conscientemente asumo la carga del mestizo . . .
pertenezco al grupo de los infelices que nacieron sin raíces patriarcales y sin edad
media; soy una de aquéllas cuyo interior, cuyo semblante, y cuya expresión, se confunden
con otras razas: pertenezco a los hijos del proyecto fracasado, que se denomina
experimento étnico, mejor dicho, abuso étnico.
En el mismo lugar se encuentra el punto de partida del trabajo de
Andrés Bestard, que en una entrevista fundamentó su arte y su concepción con la
mitología de los habitantes autóctonos, le afecta la aniquilación de los habitantes
autóctonos de su país, y que trata de rescatar sus símbolos.
En las escenas mitológicas de Bestard, el jaguar tiene un papel
importante, en base al respeto hacia el jaguar reflejado en el arte indígena y en la
religión antigua. El soberano decía que era descendiente del jaguar. En el panteón de
los dioses se encuentra el jaguar en el lugar principal, y también representaba el
símbolo de la tierra y del infierno. En contraposición, se le enfrenta la serpiente,
como símbolo del sol.
Los dos cuadros de gran formato, realizados en acrílico,
expuestos aquí, reflejan esta relación de tensión entre el sol y la caída del jaguar.
Seguramente no era la intención de Bestard representar la caída del jaguar al infierno,
para el artista el valor simbólico de la caída es el destino de la humanidad. La caída
a lo desconocido es inevitable para todo ser viviente. Aquí Bestard recuerda la ceguera
del hombre ante su destino. Max Scheler, el filósofo alemán, habla de la falta de
reflexión del hombre cuando pierde la noción que su permanencia en la tierra es breve.
El hecho que Bestard también incorpora aspectos cósmicos en su
obra, se observa en algunas de sus obras en el Museo Raggio. El hombre está atrapado en
los sistemas cósmicos de la tierra, del sol y de las galaxias, de los que es imposible
salir. Deseo subrayar, que los cuadros expuestos sólo representan una pequeña fracción
de su obra. Por su edad, el artista tiene 33 años, ha logrado resultados sorprendentes,
cuantitativa- y cualitativamente.
La exposición comprende 25 trabajos sobre papel en técnica
mixta, en la mayoría gouache o témpera. Son obras de pequeño formato, pero de gran
tamaño interior. Uno puede imaginar a la mayoría de las mismas como grandes murales. El
colorido y la técnica merecen mención especial, junto a colores contrastantes,
encontramos suaves cambios de matices, logrados seguramente con pigmentos, sin pincel, que
se basan en la técnica utilizada por el artista para la realización de los murales.
En los trabajos sobre papel también encontramos muchas escenas
mitológicas. Es interesante la referencia al maíz y al dios del maíz, el alimento
principal y el fundamento del desarrollo cultural de los indígenas de América Latina.
La representación de las escenas de la vida de los habitantes
autóctonos ocupa un lugar importante. En general son escenas que ilustran la caza, la
huída del fuego, la lucha con animales salvajes y la noche. Muchas obras del artista se
denominan "Estampida" que hace referencia a la fuerza y a lo inesperado de los
sucesos y del destino.
Muchos cuadros, realizados en los primeros años, cuando Bestard
tuvo noticia de la desaparición de una alumna de un convento de 18 años, ante los
rumores que había sido violada y asesinada por el hijo del gobernador de la provincia.
Ante la desesperación por la falta de acción por parte de los responsables, la Madre
Superiora del Convento organizó demostraciones y misas, que significaron admiración en
toda la Argentina, y que fueron fuente de inspiración para muchas obras de Bestard, en
las que aparentemente las personas que ruegan se comunican con fuerzas celestiales,
simbolizadas por el sol.
ES TRADUCCION FIEL DEL ALEMAN AL ESPAÑOL DE LAS FOTOCOPIAS QUE HE
TENIDO A LA VISTA, A LAS CUALES ME REMITO EN BUENOS AIRES, 17 DE SEPTIEMBRE DE 1993.
