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ANDRES BESTARD MAGGIO - COMENTARIOS SOBRE SU OBRA

Buenos Aires, Marzo de 1996

Los dos mundos de Andrés Bestard

                                           por el DR. ALBERTO REX GONZÁLEZ

Las raíces de la creación artística abrevan en dos fuentes. Por un lado en la capacidad creativa del artista, de fondo insondable en las complejidades del inconsciente. Por otro en el medio cultural que le dio su savia y su materia. Tras del remoto pintor de Lascaux hay un efervescente mundo de horizonte cargado de bisontes, mamuts y caballos salvajes y la primigenia desesperación creadora de un artista. Tras los frescos de la Capilla Sixtina hay una visión renovadora de una vieja cosmovisión cristiana otra vez iluminada por la chispa del genio imperecedero.

La creación descompone sus causas múltiples entre la herencia cultural o lo que su herencia cultural va transformando a lo largo de la vida y lo que el artista puede extraer de sí mismo en sus diversos momentos de inspiración creativa. Siempre hay una herencia que brinda técnicas e ideas y una creación producto de un único momento creador también de una obra única e irrepetible.

En Andrés Bestard estos mundos se revelan en dos momentos diferentes de su universo creativo, son dos mundos distintos pero convergentes en la capacidad de su mensaje. Corresponden a dos momentos anímicos y a dos cronológicos. Su contenido y su expresión es igualmente diferente aunque hermanadas en un mismo espíritu y con un plano de valores semejantes.

En una primera etapa, el inefable mundo de lo mágico- maravilloso del arte precolombino lo atrae con fuerza arrebatadora , las figuras estilizadas o simbólicas del Cerro Colorado (Córdoba) lo atrapan con fuerza irresistible: son los guerreros emplumados con su síntesis de ornato que reemplazan la individualidad de su rostro. Allí el emblema es el dueño de la figura y como tal se eliminan todos los otros rasgos del sujeto. Son las líneas simplificadas y repetidas sin identidad de los sujetos de una danza colectiva. Son las figuras simbólicas del jaguar en todas sus formas, representando a las deidades de la cultura de la Aguada. Quizás la deidad creadora de la vida en la transformación de nacimiento culminación y muerte de su diaria trayectoria . A Bestard lo subyuga la imagen con toda potencia y como tal la reproduce en figuras reconocibles. Pero al lado del vigor de un mundo del que solo quedó el recuerdo y dentro en la misma línea figurativa, perdura el drama de los que fueran ayer los dueños del arte y de la tierra y hoy son los parias del mundo vencido, sojuzgado, destruido. Es la realidad actual de lo que queda de un mundo pasado. Esa realidad se conjuga luego con otra, con el mundo del invasor emigrante, reemplazante anónimo de los que fueron los señores autóctonos. Llegan a su hábitat, lo colman con líneas ondulantes. Desde horizontes infinitos vienen con su carga de esperanzas e ilusiones y se enfrentan, a menudo a la desesperanzada pobreza. Son multitudes abigarradas de sujetos innúmeros. Están diseñados con el trazo sencillo de algunas de las figuras de las primeras imágenes, trazados en colores severos, obscuros, uniformes que ahonda el drama del diario vivir en la lucha desmesurada y el hacinamiento inevitable. Es ese pozo de miseria el que comparten con los desposeídos de antes. Es el común denominador de un mundo implacable con el marginado a desmedro del color de la piel o de cosmovisiones diferentes. Aún dentro de esta segunda etapa Bestard incluye en la muestra algunas expresiones de su primer momento. La dualidad americana y universal de " Vida-Muerte; Noche y Día", lleva la impronta indeleble de su primera aproximación. Del centro de la gran matriz universal brota la vida ubérrima de todas las épocas y todas las culturas, con sus signos cósmicos, geométricos, precisos, con símbolos de vida y muerte en forma de guerreros implacables ante la consumación del sacrificio y el renovarse de la vida como quiere la dualidad de la cosmovisión andina y universal. Los signos de la tierra y el aire el cóndor y la serpiente, el perpetuo devenir en un interminable acto de creación y de autodestrucción.

 


Buenos Aires, Enero de 1995

UN ARTE AMERICANO

                                                      por CARLOS M. LÓPEZ RAMOS

La pintura de Andrés Bestard está expresando la colisión, la imposición o la influencia asimilada del sistema occidental sobre un enorme territorio, habitado originariamente por diversas culturas indígenas- y el inicio de un lento y complejo proceso de mestizaje. Por que para Bestard América Latina es un largo proceso histórico afirmativo de un enorme ser plural, abierto a todas las expresiones culturales y capaz de absorberlas todas sin mengua de su identidad.

Su imagen se enfatiza con detalles figurativos secuencias culminantes de la vida trágica de hombres que poblaron por primera vez la tierra misma, la que está debajo de nuestros pies, la que vamos a nutrir.

Situaciones primitivas cargadas de simbología mágica, mítica con mucha capacidad estética transformar ese grito en un lirismo cromático refinado la que lo convierte en obra de arte.

Por eso, mientras declara poseer personalmente raíces muy profundas, puede afirmar que su arte deriva de un proceso de depuración, de investigación, de esencia. El lienzo de Bestard se llena de terrones de tierra, pero conviven con lo atmosférico, condensa la selva, la sangre del animal, sus estampidas.

Recompone tantas historias de esa América, obscurecida y ocultada y le confiere la tranquila permanencia de las reformas que conviene a su nuevo nacimiento. Pero hace también de ellas la ofrenda donde la brisa, de donde quiera que venga, se complace en temblar.

Pintura libre de las contiendas convencionales, pintura de la investigación, siempre en movimiento, que proviene, es cierto de las viejas historias indígenas, pero que también explora ya las comarcas desconocidas que nuestra humanidad proyecta delante de su propia historia.


Buenos Aires, Mayo de 1994

VOLVER A LO FUNDAMENTAL    

                                             por   MARTHA SUSANA FRANCONI

ANDRÉS BESTARD traza una pintura que busca síntesis: Incorporar el símbolo a la realidad. Volver a lo fundamental y fundamentar desde la plástica la realidad antropológica, el ser humano.

Es volver -con criterio cósmico- al origen, a las fuentes. La búsqueda de esencias donde la necesidad de arraigo-desde la inmigración y con la realidad americana- es valor fundante de la obra de este joven y talentoso plástico argentino. Léanse pincel que busca plasmar el encuentro entre los barcos y la pampa.

Es evidente que ANDRÉS BESTARD -artista clásico aunque moderno en la concepción- siempre en la búsqueda de lo que somos y en la persecución del oculto equilibrio de las cosas, evidentemente sospecha que no toda presencia es iluminada por la luz.

Y es por esto que, todos los que una vez más venimos -hoy y aquí- a prolongar sus obras, lo llamamos ARTISTA en la más transgresora y provocativa acepción. ARTISTA, es decir, el que no termina de ver.

Al particular y esencial punto de vista plástico de ANDRÉS, siempre nuestros deseos de incesante crecimiento.

 


Buenos Aires, Marzo de 1992

ANDRÉS BESTARD

                                                por el  ING. MIGUEL MARIO RAGGIO

Entra en una nueva etapa de su desarrollo artístico a partir de su monografía sobre el relevamiento de las pictografías descubiertas por Leopoldo Lugones en Cerro Colorado (Córdoba , Argentina) y estudiadas entre otros por Gardner, Pedersen y Rex González. Cautivado por el simbolismo y la síntesis - rayana en la abstracción -de los anónimos artistas precolombinos, penetra la aparente ingenuidad de este arte primario, aprehende así la mente primitiva, traduciendola aveces, reiterpretándola otras, mediante recursos técnicos modernos, pero sin perder jamás la prístina frescura de la visión aborigen.

 


Buenos Aires, Noviembre 2001



Los espíritus del puerto

Por Carlos María López Ramos

"Transición de un Puerto" - Galería El Socorro
 



Con un trabajo impresionista, aislado y en silencio las imágenes del puerto se fueron transformando de a poco en una indagación histórica en zonas de color, intuición, dosis de belleza, zonas de textura matérica, y el giro parece inevitable; el artista se adentró en el espacio del puerto, es ese territorio de nuestra costa tan olvidada.
Su pintura se ha llenado de luz, de profundidad; la memoria de los lugares arquitectónicos lo está obsesionando para ahondar en esos temas pictóricos como una salvación difícil de la figuración en el momento actual.
Es una pintura que gana con el tiempo. A medida que avanza, las construcciones históricas del paisaje van desapareciendo, y allí usa sus recursos emocionales para hacer que no aparezca un hombre reconocible, ni siquiera su forma, sino que nos hace saber que todos estuvieron allí. Es así como percibimos sus espíritus, aquellos que aún habitan en los silos… en los graneros… en los barcos…
Todo el Puerto Madero ya no está aislado, Bestard lo está haciendo crecer para convertirlo en la próxima ciudad y pintar con fuerza el contenido que se necesita. Él está seguro que su visión plástica está trabajando activamente la memoria para la construcción de un futuro que ya es hoy. Un camino que empieza y termina, utilizando argumentos diferentes y, sobre todo, despojando el escenario de figurantes, dejándolo vacío, simplemente con estas trasposiciones donde el propio escenario es ya en sí mismo toda la representación, todo el espectáculo cromático, vigoroso.



 

 

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